Fue un destacado hacendado, militar y funcionario público. Ejerció como Alcalde de la Santa Hermandad en San Antonio de Areco en los años 1772, 1777 y 1796. En 1796 fue elegido Alcalde Ordinario del Cabildo de la Villa de Luján, cuerpo en el que también sirvió como regidor. Su carrera militar fue igualmente relevante, ostentando el rango de Sargento Mayor de milicias del partido de Areco entre 1785 y 1793. Además de sus cargos civiles y militares, mantuvo una estrecha relación con la Iglesia local como mayordomo de la parroquia de San Antonio.
Ejerció el cargo de alcalde de la Santa Hermandad de Areco y Cañada de la Cruz en los años 1772 y 1777.
Vecino, poblador de origen español y funcionario público. Hacia 1806 se encontraba radicado en el poblado de San Antonio de Areco, donde ejerció el cargo de Alcalde de la Hermandad en 1806, nombrado por el Cabildo de la Villa de Luján. Es considerado una figura fundacional en la historia de San Andrés de Giles. Colaboró estrechamente con el cura vicario de Areco, el padre Vicente Piñero, en la creación del oratorio del Niño Jesús y San José en el Pago de la Cañada de Giles. Fue designado como el primer sacristán que tuvo el poblado. En reconocimiento a sus servicios, el cura Piñero le donó en 1806 varias parcelas de terreno en el Pago de la Cañada de Giles. Asimismo, actuó como testigo clave en el otorgamiento de escrituras traslativas de dominio para otros pioneros que adquirieron tierras en el núcleo primitivo del pueblo
Fue un vecino de relevancia en la Villa de Nuestra Señora de Luján a principios del siglo XIX. En el año 1804, se desempeñó como alguacil mayor del cabildo de la villa, integrando el cuerpo capitular que presidía el alcalde ordinario Manuel de la Riba.
Presbítero y funcionario eclesiástico destacado de la Villa de Luján. Al igual que su hermano Felipe, era sobrino y heredero de la devoción del capellán Carlos José Bejarano. Ocupó los cargos de sacristán mayor, vicario y juez eclesiástico de la Parroquia de Nuestra Señora de Luján. En octubre de 1796, en ejercicio de su autoridad judicial, emitió un auto prohibiendo juegos y diversiones ruidosas (como el pato y las bochas) en las inmediaciones del Santuario para preservar el orden y la decencia durante las festividades religiosas. Se desempeñó como capellán en propiedad del Santuario hasta su fallecimiento, ocurrido en el año 1801.
Vecino y propietario de la Villa de Luján a comienzos del siglo XIX. Tras el fallecimiento de su hermano, el presbítero Gabriel José de Maqueda, actuó como su albacea y ejecutor testamentario. En agosto de 1802, participó formalmente en la entrega e inventario de los bienes de la Estancia de la Virgen de Luján al nuevo administrador, el cura Vicente Montes Carballo.