Cabildante de la Villa de Luján en 1771 (alguacil mayor), 1779 (alcalde ordinario), 1781, 1783 y 1790.
Ejerció el cargo de cura párroco en la Villa de Luján desde enero de 1844, tras la salida de Francisco Cortaverría. En la primera etapa de su gestión, contó con el aval del juez de paz Basilio Casal, quien valoró positivamente su integridad moral y el cumplimiento de sus tareas eclesiásticas. Hacia marzo de 1852, un grupo de pobladores solicitó su destitución alegando malos manejos, pero el pedido fue desestimado por el provisor y vicario capitular al ser identificado como una intriga política promovida por el anterior párroco. Pese a este respaldo inicial, fue removido definitivamente de su beneficio en agosto de 1853 por disposición del gobierno del Estado de Buenos Aires. La medida se fundamentó en su apoyo a la rebelión federal y al sitio de la ciudad porteña ocurrido entre fines de 1852 y mediados de 1853, acciones calificadas por las autoridades como antipatrióticas. Su reemplazante en el curato fue el canónigo honorario Ángel Baldayo.
Fue nombrado alcalde de la Hermandad de Areco y Cañada de la Cruz en 1775 y 1778.
Funcionario. Fue herrero de profesión y contratista. En 1800 era propietario de dos casas de abasto y fue asentista de las casas capitulares en los años 1796 y 1797. A partir de 1796 se hizo cargo de dirigir y finalizar las obras del edificio. Fue también miembro del Cabildo, donde en ciertas ocasiones adelantó recursos, por carencia de ellos. Sirvió asimismo en las milicias del partido. Tuvo una actuación de primera línea en la época de las invasiones, pues era Alcalde en 1806, y ayudó a reclutar las tropas y reunir recursos para Juan Martín de Pueyrredón y demás patriotas. Facilitó a los milicianos el estandarte del Cabildo en el combate de Perdriel, donde se batieron con los británicos. Durante las invasiones inglesas, los soldados ingleses quisieron matarlo y tuvo que escapar de su chacra. Después de este incidente, fue llamado a presencia del gobernador de Buenos Aires, general Beresford, quién lo reprendió por los malos tratos a sus tropas inglesas. Gamboa replicó que esto era a causa de la escasez de todo. Al corroborar esto, Beresford, confirmó a Gamboa como Alcalde Ordinario de la Villa. Falleció años después en la villa.