Ejerció el cargo de cura párroco en la Villa de Luján desde enero de 1844, tras la salida de Francisco Cortaverría. En la primera etapa de su gestión, contó con el aval del juez de paz Basilio Casal, quien valoró positivamente su integridad moral y el cumplimiento de sus tareas eclesiásticas. Hacia marzo de 1852, un grupo de pobladores solicitó su destitución alegando malos manejos, pero el pedido fue desestimado por el provisor y vicario capitular al ser identificado como una intriga política promovida por el anterior párroco. Pese a este respaldo inicial, fue removido definitivamente de su beneficio en agosto de 1853 por disposición del gobierno del Estado de Buenos Aires. La medida se fundamentó en su apoyo a la rebelión federal y al sitio de la ciudad porteña ocurrido entre fines de 1852 y mediados de 1853, acciones calificadas por las autoridades como antipatrióticas. Su reemplazante en el curato fue el canónigo honorario Ángel Baldayo.
Fue nombrado alcalde de la hermandad por el cabildo de la villa de Luján el 5 de marzo de 1774, bajo la jurisdicción de la Gobernación de Buenos Aires, designación que se reconoce como el hito fundacional del actual partido del Pilar. Se desempeñó como cabildante en el mismo cuerpo capitular durante los años 1780 (alguacil mayor), 1788, 1794, 1797 y 1800.